Cartagena está más viva que nunca. La música llena plazas, el rock inunda los escenarios, y el orgullo local brilla en cada festival. Pagamos 80 euros por ver a Arde Bogotá —y lo vale—, soltamos 150 o más por disfrutar del Rock Imperium, y aplaudimos que nuestra ciudad esté en el mapa cultural nacional.
Pero cuando llega el momento de renovar el abono del Efesé, muchos se lo piensan dos veces. ¿De verdad?

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